Se puede vender una vivienda alquilada, pero el contrato de alquiler y los derechos del inquilino condicionan la operación. Lo primero es revisar bien el contrato.
Qué pasa con el contrato
Por norma general, quien compra la vivienda pasa a ser el nuevo arrendador y debe respetar el contrato en los términos que marca la Ley de Arrendamientos Urbanos. Por eso, una vivienda alquilada interesa sobre todo a inversores, salvo que se venda cuando el contrato termine.
El derecho de tanteo y retracto
Salvo que se haya renunciado en el contrato, el inquilino tiene preferencia para comprar la vivienda en las mismas condiciones que un tercero. Hay que comunicarle de forma fehaciente el precio y las condiciones de la venta. Saltarse este paso puede permitirle anular la venta después.
Tres formas de enfocarlo
1. Ofrecérsela primero al inquilino
Si está interesado y tiene financiación, es la venta más sencilla.
2. Venderla alquilada a un inversor
El inversor valora la renta, la duración del contrato y el historial de pagos. Hay que preparar esa información.
3. Venderla vacía al terminar el contrato
Abre la venta a todo tipo de compradores, incluidas familias que buscan vivienda habitual, y suele permitir un precio más alto.
Antes de decidir, revisemos el contrato. Te digo qué opción tiene más sentido para tu caso y qué precio es realista en cada escenario.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que avisar al inquilino si vendo el piso?
Sí. Salvo renuncia en el contrato, tiene derecho de tanteo y retracto, y hay que comunicarle la venta de forma fehaciente.
¿Un piso alquilado vale menos?
Suele interesar a menos compradores, lo que puede influir en el precio. Depende de la renta, la duración del contrato y la zona.
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